jueves, 15 de diciembre de 2016

Vereda

Una veredita intransitable a mis pies
casi que me alcanza la sola mirada
y prosigue solo el canto 
como oliendo los árboles
entre las hojitas que soplé

Vacila un consuelo de rocío
que moja mis olores con té
ya el costado va sanando 
riachuelo abajo 
por los caminitos de ayer.

domingo, 16 de octubre de 2016

Confiaba entonces en la inmortalidad.
Aunque mis piernas ya no eran más mis piernas y sus rodillas no le permitían dar un paso firme sin agacharlo.
Por la mañana a diario las noticias:
hoy un muerto.
Pero no ha sido el desconocido que se paró inoportunamente en la acera rota de la esquina
A este muerto le conozco
A este muerto le presiento las caras que le querían.
De repente ya no hay canas inmorales amarillas por el tabaco.
Ahora sí nos dejaron solos
Ahora sí invéntate una utopía
En ese entonces yo no creía que el paso lento se le caería de poquito con la ceniza,
pero ahora se ha vaciado completito este filtro que le detenía el respiro.
Ya ni para verle más clarito nos sirve la poesía.
Cuando ha dicho que se marchaba ya le estaba temiendo
Porque su utopía me ha hecho creer que aunque las rodillas me tiemblen y los pelos blancos no estén más, un trocito hay de inmortalidad en ello.
En él.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Aprender el espacio

Ajustar distancia a la medida exacta de cinco besos ausentes.
No violar la línea, ni el rigor en las piernas.

Creer.
Creer en ello con toda fuerza roja que circula en las venas.

Quitar cada línea de tus huellas.
Enterrarlas lanzando un efectivo conjuro.
 
Congelar el río.
O el mar que me llamabas.
Mejor aún, vaciarlo.

Olvidar propiedades y desangrar las mejillas que se alzan al verte.
Sentir tu abrazo helado como indica la metereología.
Confundir mi lágrima en él.

No atender al llamado imaginario de la extrañeza.
Quitarte del sueño ligero, de entre mis pestañas
y correr.

Dejar de llamarte cuando todo se quiebra o nace la sonrisa.
Olvidar tu paso que agita el mío.

Lanzar una moneda o el dado de madera para decidirte conmigo
con la certeza de tu siempre negativa,
y entonces al fin soltarte.

Dejar de ser necia.
Destrancarme los miedos filosos de ser sola,
dejarte ordenar tranquilo tu vida.

Aventarme con las ganas de un flamenco
para así, a carne viva,
aprender el espacio.


jueves, 18 de agosto de 2016

miércoles, 20 de julio de 2016

Fragmento

A sangre limpia 
poro a poro 
destazo este trozo 
nervioso de mí.

Con cuidado 
quito las escamas viejas 
que guardan mares oxidados.

Han de entrar ríos 
para reír y glaciares 
para descongelarme lo congelado
con fuerza.

¿Qué has creído tú?
¿Qué cosa te ha soltado
este cascarón fragmentado?

Han de llover
tormentas y lagos 
Aguas verticales que de otras no sirven.
Mira cuánto ha dejado este suelo.

La mirada no caduca
aunque el negro nuble la retina.
Ha sido un viejo ciego 
quien se ha quejado del municipio, 
pues ha caído a un pozo por falta de letreros. 

¿Has visto su risa?
¿Ya has aprendido a verlo?

Ha sido una sabia cotorra 
quien me ha susurrado cómo ser libre 
tras barrotes de fierro. 
Ha volado, no sabes cuánto. 

Un palmo de grietas 
se me anida en la espalda. 
Qué áspera es la mano de carreteras. 
Le he visto un gusano verde 
brincar cuando le hablo. 
No ha muerto.

¿Has visto mis trapos? 
Son negros. 
Ya no me dan miedo 
porque ya nadie muere nunca. 
Este es mi luto por los lutos. 
Hasta el fin. 
Adiós.

Partículas

Un sapo atrás de mí 
huye de las gotas gordas 
que yo callo
al tronar terrones azucarados 
sobre mi lengua. 

Corazones rojos 
azules y blancos 
Amarillos no
porque están agrios.

Tengo aquí una droga 
contradictoria
para dormir y
entumirme el llanto. 
Pastillas perfumadas
suavecitas.

Hoy estamos
frente al serio compromiso 
de salvaguardar la vida 
de la decena de esquilines 
que naufragan en este vaso 
con agua. 

La promesa: 
nadie saldrá ahogado. 

A tan ínfimos cuerpecitos 
que mudando están la casa
porque julio ha llegado 
hoy debemos la luna y un sutil bostezo
hay en sus esqueletos 
partículas de azúcar 
para acelerar el tiempo. 


sábado, 11 de junio de 2016

Lluvia llegó, lluvia lavó.

Algo pasa en el mundo cuando llueve. No es solo que se humedezca la tierra, ni que le analizen al agua si viene enredada en sus moléculas con algún químico dañino o que preocupe a las madres el resfriado del crío; algo más sucede. De extraña manera alguien decide que le apetece un café en soledad. A otro más le da por asomar los ojos por la ventana y soltar cinco o seis respiraciones largas y llegar a una respuesta de algo así porque sí. 

Existe "algo" que la gota a gota trae a nosotros, una fórmula para desenredar corajes y tristezas, una calma de ver cómo las calles van quedando solas y sentir llegar la calidez por encima del frescor lluvioso. 

¿Será que el correr de la lluvia nos trae un río vertical y entonces somos parte inevitable de ese discurrir, piedra a piedra, recoveco a recoveco, del andar del agua? 

Entonces ya somos peces. O ramitas caídas de un árbol alto, rotas o ilesas. Algunos quedarán como piedras acariciadas, inmóviles, sintiendo suavecito el paso húmedo, aunque bajo el agua abundante no se sienta que uno se moja. 

La lluvia es provocación de canciones, de besos y llantos. Y para otros vivos es correr al nido y guarecerse bajo un techo de hojas verdes, palitos secos y esperar. Esperar que cese la parte más dura del agua. Esperar a que las gotas pierdan fuerza y entonces permitan abrir el pico y beber y beber vida. 

Viene todo esto a que hoy llueve y es bienvenida esta agua. El calor ya atosigaba a este pedazo de tierra desértica en el que no había quien no se quejara del potente sol que achicharraba miradas. No fue una fe malgastada a final de cuentas. Estamos pues ante la lluvia como catalizadora de circunstancias. Me viene bien. Nos viene bien. Aunque esta falta de claridad amenace con ahogarme en ella.