domingo, 25 de junio de 2017

Secreto chino o Moni come niños, ratas y gatos.

Esta madrugada tuve un sueño hambriento. En mi sueño caminaba con dos personas más en busca de un restaurant chino, iba a decir de comida rápida, pero sería ofenderles porque en todo resultan veloces. Nos dirigíamos hacia una cortina metálica ya cerrada, pero al parecer uno de mis acompañantes era cliente asiduo, por lo que con solo dos golpecitos a la polvosa puerta nos abrieron. Nos dejó pasar al local un señor ya sesentero, iba a describirlo fisícamente, pero creo que sería en vano. No offense. Una vez los tres adentro, la cortina volvió a cerrarse dejando una luz amarilla débil que puso mi piel chinita, para combinar. El hombre comenzó a decirnos lo que la cocina había hecho para el día, mencionó arroz, costillitas, un no sé qué con camarón picoso, chow mein, y unos tres guisos más que no entendí. Mientras hablaba de los guisos, el señor se dirigía especialmente a mi compañera con la confianza de que cualquier cosa que no le entendiéramos a él, ella podía explicarnos, recuerdo que la llamaba Moni con una chistosa pronunciación larga de la "o". Moni nos explicó que ciertos guisos llevaban "diversas carnes", a lo que yo recordé aquel comentario que una vez hizo un tío mío que intentaba resistirse al sazón chino porque decía que los asiáticos eran tan buenos cocineros que nos podían dar a comer niños o ratas sin que nos diéramos cuenta y chupar los huesitos cual si fueran de pollo. De inmediato mi otro compañero preguntó sobre las "diversas carnes", Moni y el chino sonrieron, ahora pienso que no fue una mueca chueca llena de complicidad maliciosa, pero yo así la vi. Fue entonces cuando las tripas me crujieron. Con su lengua tropezada, el chino nos explicó que a los clientes asiduos les cuenta sobre esas carnes cuando los cree listos para que sus prejuicios no los traicionen. Habló de paladares libres y cerrados. Decía que sus clientes asiduos son de paladar libre, pues se atreven a probar cuanto alimento se cruce por su camino, lo que hace que sus papilas y glándulas salivales humecten cualquier tipo de carne, sin identificar ni importarle su procedencia. En cambio, los de paladar cerrado son tan miedosos a comer platillos diferentes por temor a que los intestinos les truenen, que están acostumbrados a un número reducido de carne animal e inmediatamente su lengua identifica que el arroz no solo tiene pollo, sino patitas de niños, gatos y ratas. Dijo que estos últimos no vuelven a su restaurant, mientras que los del otro paladar son como Moni. Llevan niños tras las muelas.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Vereda

Una veredita intransitable a mis pies
casi que me alcanza la sola mirada
y prosigue solo el canto 
como oliendo los árboles
entre las hojitas que soplé

Vacila un consuelo de rocío
que moja mis olores con té
ya el costado va sanando 
riachuelo abajo 
por los caminitos de ayer.

domingo, 16 de octubre de 2016

Confiaba entonces en la inmortalidad.
Aunque mis piernas ya no eran más mis piernas y sus rodillas no le permitían dar un paso firme sin agacharlo.
Por la mañana a diario las noticias:
hoy un muerto.
Pero no ha sido el desconocido que se paró inoportunamente en la acera rota de la esquina
A este muerto le conozco
A este muerto le presiento las caras que le querían.
De repente ya no hay canas inmorales amarillas por el tabaco.
Ahora sí nos dejaron solos
Ahora sí invéntate una utopía
En ese entonces yo no creía que el paso lento se le caería de poquito con la ceniza,
pero ahora se ha vaciado completito este filtro que le detenía el respiro.
Ya ni para verle más clarito nos sirve la poesía.
Cuando ha dicho que se marchaba ya le estaba temiendo
Porque su utopía me ha hecho creer que aunque las rodillas me tiemblen y los pelos blancos no estén más, un trocito hay de inmortalidad en ello.
En él.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Aprender el espacio

Ajustar distancia a la medida exacta de cinco besos ausentes.
No violar la línea, ni el rigor en las piernas.

Creer.
Creer en ello con toda fuerza roja que circula en las venas.

Quitar cada línea de tus huellas.
Enterrarlas lanzando un efectivo conjuro.
 
Congelar el río.
O el mar que me llamabas.
Mejor aún, vaciarlo.

Olvidar propiedades y desangrar las mejillas que se alzan al verte.
Sentir tu abrazo helado como indica la metereología.
Confundir mi lágrima en él.

No atender al llamado imaginario de la extrañeza.
Quitarte del sueño ligero, de entre mis pestañas
y correr.

Dejar de llamarte cuando todo se quiebra o nace la sonrisa.
Olvidar tu paso que agita el mío.

Lanzar una moneda o el dado de madera para decidirte conmigo
con la certeza de tu siempre negativa,
y entonces al fin soltarte.

Dejar de ser necia.
Destrancarme los miedos filosos de ser sola,
dejarte ordenar tranquilo tu vida.

Aventarme con las ganas de un flamenco
para así, a carne viva,
aprender el espacio.


jueves, 18 de agosto de 2016

miércoles, 20 de julio de 2016

Fragmento

A sangre limpia 
poro a poro 
destazo este trozo 
nervioso de mí.

Con cuidado 
quito las escamas viejas 
que guardan mares oxidados.

Han de entrar ríos 
para reír y glaciares 
para descongelarme lo congelado
con fuerza.

¿Qué has creído tú?
¿Qué cosa te ha soltado
este cascarón fragmentado?

Han de llover
tormentas y lagos 
Aguas verticales que de otras no sirven.
Mira cuánto ha dejado este suelo.

La mirada no caduca
aunque el negro nuble la retina.
Ha sido un viejo ciego 
quien se ha quejado del municipio, 
pues ha caído a un pozo por falta de letreros. 

¿Has visto su risa?
¿Ya has aprendido a verlo?

Ha sido una sabia cotorra 
quien me ha susurrado cómo ser libre 
tras barrotes de fierro. 
Ha volado, no sabes cuánto. 

Un palmo de grietas 
se me anida en la espalda. 
Qué áspera es la mano de carreteras. 
Le he visto un gusano verde 
brincar cuando le hablo. 
No ha muerto.

¿Has visto mis trapos? 
Son negros. 
Ya no me dan miedo 
porque ya nadie muere nunca. 
Este es mi luto por los lutos. 
Hasta el fin. 
Adiós.

Partículas

Un sapo atrás de mí 
huye de las gotas gordas 
que yo callo
al tronar terrones azucarados 
sobre mi lengua. 

Corazones rojos 
azules y blancos 
Amarillos no
porque están agrios.

Tengo aquí una droga 
contradictoria
para dormir y
entumirme el llanto. 
Pastillas perfumadas
suavecitas.

Hoy estamos
frente al serio compromiso 
de salvaguardar la vida 
de la decena de esquilines 
que naufragan en este vaso 
con agua. 

La promesa: 
nadie saldrá ahogado. 

A tan ínfimos cuerpecitos 
que mudando están la casa
porque julio ha llegado 
hoy debemos la luna y un sutil bostezo
hay en sus esqueletos 
partículas de azúcar 
para acelerar el tiempo.